La nueva investigación publicada en ‘Trends in Cognitive Sciences’ detalla cómo el hablar más de un idioma significa poseer una mejor salud mental. En concreto, ser bilingüe se traduce en una mayor protección frente a la demencia.
La autora principal del estudio, la doctora de la Universidad de Nueva York Ellen Bialystok, “estudios anteriores han establecido que el bilingüismo tiene un efecto beneficioso en el desarrollo cognitivo de los niños”. En esta investigación, se han “examinado los efectos del bilingüismo sobre la cognición en los adultos”. → Reserva cognitiva: Es la “capacidad cognitiva“(capacidad para captar, procesar, analizar, argumentar, comprender y producir nuevos enfoques) e “intelectual” que una persona ha logrado acumular en su vida mediante sus conocimientos culturales, estudios académicos, participación en actividades intelectuales y de esparcimiento (la lectura, la escritura, aprender idiomas, los juegos de mesa, pasatiempos , etc.).
→ Utilidad de la reserva cognitiva: Parece ser que las personas con mayor capacidad intelectual natural y adquirida presentan los síntomas de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer más tarde que otros pacientes con menor capacidad cognitiva.
Durante un seminario, una mujer preguntó: "¿Cómo puedo saber si estoy con la persona adecuada?"
El autor entonces se dio cuenta de que había un hombre corpulento sentado a su lado por lo que dijo: "Depende. ¿Es tu pareja?" Con toda seriedad, ella respondió "¿Cómo lo sabes?" Voy a responder a esta pregunta porque las posibilidades son buenas de que está pasando en su mente respondió el autor.
Aquí está la respuesta.
Cada relación tiene un ciclo. Al principio, caes perdidamente enamorada. Te anticipas a sus llamadas, quieren estar en contacto, y se gustan sus costumbres. Enamorarse no fue difícil. De hecho, fué una experiencia completamente natural y espontánea. No tuviste que hacer nada. Es por eso que se llama "perdidamente enamorados".
Enamorarse es una experiencia pasiva y espontánea. Pero después de unos meses o años de estar juntos, la euforia del amor se desvanece. Es un ciclo natural de todas las relaciones.
Poco a poco, las llamadas telefónicas se convierten en una molestia (si es que las hay), el contacto no es siempre bienvenido (si es que lo hay), y las costumbres de su cónyuge, en vez de sentir lindo, te vuelven loc@. Los síntomas de esta etapa varía con cada relación, usted notará una gran diferencia entre la etapa inicial cuando estaban enamorados y una fase mucho más aburrida o con actitudes de enojo incluso.
En este punto, usted y/o su pareja pueden estarse preguntando, "¿Estoy con la persona correcta?" Y al reflexionar sobre la euforia del amor que una vez tuvieron, pudieran empezar a desear esta experiencia con alguien más. Aquí es cuando las relaciones truenan.
La clave para tener éxito en una relación no es encontrar a la persona adecuada, sino aprender a amar a la persona encontrada.
La gente culpa a su pareja por su infelicidad y busca fuera lo que le hace falta. Las atenciones extra maritales vienen en todas las formas y tamaños.
La infidelidad es lo más común. Pero a veces la gente se envuelve en el trabajo, en un pasatiempo, en una amistad, televisión en exceso, o sustancias de abuso. Pero la respuesta a este dilema no está fuera de su relación. Se encuentra dentro de él.
No estoy diciendo que no se podría enamorar de alguien más. Si podrías y temporalmente se sentiría mejor. Pero estaríamos en la misma situación unos años más tarde.
Debido a que (escucha con atención a esto):
La clave para tener éxito en la relación no es encontrar a la persona adecuada, sino aprender a amar a la persona que se encontró.
MANTENER el amor no es una experiencia pasiva o espontánea. Usted tiene que trabajar en ello día tras día. Se necesita tiempo, esfuerzo y energía. Y lo más importante, exige SABIDURÍA. Usted tiene que saber Qué hacer para que funcione. No nos equivoquemos al respecto.
El amor no es un misterio. Hay cosas que usted puede hacer (con o sin su pareja), Así como hay leyes físicas del universo (como la gravedad), también hay leyes para las relaciones. Si usted sabe cómo aplicar estas leyes, los resultados son predecibles.
El amor es por lo tanto una "decisión". No es sólo un sentimiento.
Recuerda esto siempre: El destino determina quién entra en tu vida. Depende de ti quien quieres que camine a tu lado, a quien permites que se quede, y a quien quieres dejar ir.
Si vemos a alguien que está atemorizado y le preguntamos por la causa de su miedo, probablemente en su respuesta se refiera al estímulo que “le pone de los nervios”. Quizá, de manera ostensible, apunte al animal -un reptil, una araña-, al objeto -una jeringa-, a la situación -una tormenta- o a cualquier otra cosa que figure en su repertorio de temores. “Estoy así por culpa de los rayos y los truenos”-nos dirá. Pero a veces el lenguaje nos confunde. Sabemosquénos da miedo, pero no sabemos identificar tan fácilmente elporqué. Aunque recurramos a ellos como explicación del temor, el reptil, la araña, la jeringa o la tormenta, simplemente, son los estímulos que activan la respuesta de ansiedad; pero no su causa. En esto del miedo,la persona juega un papel activo.
El proceso a través del cual alguien adquiere miedo a algo, en muchas ocasiones, implica alguno de estos tres factores: haber tenido una mala experiencia en la que el objeto del temor estaba de alguna forma presente, haber visto cómo alguien sufría esa experiencia aversiva, o -más sencillo aún- haber tenido noticias de lo que le puede pasar a uno -nada bueno- si se encuentra con determinados estímulos (1). Si tengo miedo a que en el hospital me extraigan sangre, puede ser porque una vez lo intentaron, y tras un momento de tensión máxima, acabé por caer al suelo desmayado. O porque vi cómo le ocurría esto a mi hermano menor. O simplemente, porque me han contado que las inyecciones son dolorosas y que el momento de la extracción es muy desagradable.
Aún así, estas explicaciones tampoco han resultado ser muy satisfactorias. Afortunadamente, una mala experiencia directa o indirecta no garantiza que uno vaya a desarrollar una fobia, lo que ha hecho que la investigación psicológica se lanzase a buscar otras alternativas. Entre ellas, una con muy buena prensa es la hipótesis de la preparación biológica. El miedo -dentro de unos límites- es una respuesta adaptativa. Nos protege de aquellos elementos del entorno que pueden resultar peligrosos para nosotros y pueden comprometer la supervivencia de nuestra especie. Tener miedo a las alturas, a los fenómenos atmosféricos violentos, a los grandes animales salvajes, o a los pequeños insectos que podían transmitirnos enfermedades, sin duda ayudó a que en más de una ocasión nuestros ancestros se pusieran a salvo y hoy podamos estar contándolo. Quizá -pensaron los investigadores- generación tras generación, a lo largo de miles de años de evolución, hemos ido creando, heredando y legando, una especie de archivo de temores. Eso explicaría que ahora estemos más predispuestos a aprender y emitir la respuesta de miedo ante algunos estímulos -aquellos en los que está en juego la supervivencia de la especie- que ante otros (2, 3).
La hipótesis, aunque sugerente, no deja sin embargo de estar exenta de problemas. En primer lugar, no explica la alta variabilidad interpersonal que existe en la respuesta de miedo. No todos tenemos los mismos temores, ni con la misma intensidad, aunque seamos miembros de la misma especie. En segundo lugar, ¿cómo se explicaría el miedo ante estímulos recientes, que no existían en épocas anteriores? Y finalmente, el archivo de miedos, a pesar de ser fruto de años y años de evolución, estaría aún lejos de ser un seguro de vida. Poca gente tiene miedo a los hongos, aunque una seta venenosa pueda ser mucho más letal que algunos animales muy temidos, como la araña común.
En este contexto, los modelos cognitivos de la ansiedad han supuesto un notable avance en nuestra comprensión de las fobias y los miedos. Tal vez, una larga tradición dualista nos había ocultado las relaciones entre nuestros pensamientos y nuestras emociones. Sin embargo, la relación entre cogniciones y miedo era ya conocida desde los antiguos griegos. Para Aristóteles, el miedo era el dolor que sentimos al anticipar un mal. Y Epícteto ya afirmaba que, en realidad, nuestras preocupaciones no tienen su origen en las cosas, sino en lo que pensamos sobre las cosas. La psicología moderna les da la razón.
Por ejemplo, el Modelo de Vulnerabilidad Cognitiva, desarrollado por Jason Armfield, sostiene en este sentido que las situaciones ansiógenas activan, de manera automática, un esquema cognitivo compuesto de cuatro tipos de evaluaciones (4):
La percepción de que el estímulo o situación entraña algún peligro potencial o puede dañarnos.
La anticipación de que el encuentro con un estímulo determinado puede ocasionarnos una sensación de malestar, similar a la respuesta de asco o repugnancia, en la que aparezcan mareos, vómito, etc.
La idea de que el estímulo es impredecible y que uno no sabe bien cuándo va a aparecer, cómo, por cuanto tiempo, etc.
Finalmente, la creencia de que el estímulo o situación temidos son incontrolables y uno poco o nada puede hacer por cambiar el curso de los acontecimientos.
Desde este modelo teórico es fácil explicar algunos de los miedos más comunes, como el temor a determinados animales(5). Las arañas, por ejemplo, son percibidas como peligrosas y potencialmente dañinas por las personas con fobia a ellas, pero también es difícil saber cuáles van a ser sus movimientos, y por supuesto, conocer sus “intenciones”. Por si fuera poco, las personas con miedo a las arañas las ven como animales especialmente repugnantes, no siendo raro que sientan náuseas ante la visión de sus cuatro pares de patas, el pelo que recubre su cuerpo, o su creación más conocida, las telarañas.
Otro ámbito dónde el Modelo de Vulnerabilidad Cognitiva se ha aplicado con éxito es el miedo a los tratamientos dentales(6,7). Muchas personas, tanto niños como adultos, temen visitar a su dentista. Y una vez más, se comprueba que los pacientes con mayores niveles de miedo dental son aquellos que atribuyen un mayor grado de peligrosidad a los tratamientos odontológicos, presentan un mayor desconocimiento y sensación de falta de control sobre lo que puede ocurrir en las consultas, y muestran un temor más acusado a experimentar sensaciones de mareo, náuseas, atragantamiento o asfixia durante las intervenciones. De manera significativa, las investigaciones recientes han puesto de manifiesto que los pensamientos que integran el esquema de vulnerabilidad cognitiva tienen mayor capacidad para explicar las puntuaciones de miedo dental de una persona, en comparación con otras variables como las experiencias aversivas previas, la afectividad negativa, o la presencia de familiares con miedo dental (8, 9) .
La importancia de los cuatro pensamientos que conforman el esquema de vulnerabilidad no es sólo teórica. De este modelo se derivan unos objetivos claros para la prevención y el tratamiento de los problemas de ansiedad, miedo y fobias. Seguramente, si somos capaces de diferenciar que una cosa es la realidad y otra lo que pensamos de ella, y rastreamos en las causas de nuestros temores, encontraremos que las arañas, las serpientes, las tormentas, las inyecciones, o los dentistas no son tan temibles como creemos. Son nuestros pensamientos los que nos hacen vulnerables al miedo. En este sentido, reducir la percepción de que determinados estímulos o situaciones son peligrosos, inciertos, incontrolables o causan malestar físico puede contribuir a disminuir el nivel de miedo que alguien siente ante ellos.